NOVENO TRABAJO
ROBAR EL CINTURÓN DE
HIPÓLITA
Esta era la reina de las
amazonas, unas viejas muy bonitas pero peleadoras, como tienen fama las mujeres
de Santander, les gustaba tanto la guerra que para que una teta no les
estorbara para disparar flechas con el arco se la mandaban mochar, de ahí el
nombre porque amazona significa en griego sin un seno o, como dirían en algunas
regiones de Colombia, eran tetimochas. El asunto fue que Ares, el dios de la
guerra que es el mismo Marte de los romanos, le regaló a Hipólita un cinturón mágico
y ese era el que quería el rey Euristeo, el de los doce trabajos, casi nada de
apetito; claro que la ocurrencia fue de su hijita Admete que quería aparentar
con sus amigas adolescentes.
En la mitología hay dos
versiones de este trabajo y no se cual escoger. Una dice que la reina se pegó tremenda
enamorada del fortacho y se lo dio, digo, le dio el cinturón y creo que todo lo
demás. la segunda versión es más prosaica porque pone al héroe al nivel de
cualquier guerrillero o delincuente común y dice que secuestró a la hermana de
Hipólita y pidió el cinturón como rescate. Escojan ustedes porque a mí no me
gusta ninguna de las dos, que poco trabajo para un héroe.
Como los antiguos griegos
no son tan simples en algún momento enredan la historia y meten a otro héroe
llamado TESEO quien secuestra a Antíope otra hermanita de Hipólita y se arma un
tierrero porque Hera le mete chismes a la reina, miren que hasta las diosas
mayores son chismosas pero los dos héroes logran escapar con el cinturón y la
hermana menor que se casa con Teseo y tienen un hijo llamado Hipólito que no se
nutrió muy bien porque su mamá tenía un solo tetero y le faltó la mitad de la leche materna. Al final hay un enredo el hijuemadre
y no se lo transmito a ustedes porque yo también me enredé y nunca supe que
tenía de mágico el bendito cinturón, para mí que era una faja para adelgazar y
por eso las amazonas estaban tan rebuenas, así les faltara una tecla.
NOTA, al buscar imágenes para el artículo no encontré amazonas sin
su pechito, así que me perdonarán los griegos.
Edgar Tarazona Angel
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