sábado, 16 de marzo de 2013

SEXTO TRABAJO MATAR LOS PÁJAROS DEL ESTÍNFALO


SEXTO TRABAJO
MATAR LOS PÁJAROS DEL ESTÍNFALO




Estos avechuchos eran enormes. Como eran aves pues poseían todas las características de la especie con algunas diferencias no muy pequeñas: las alas, el pico y las plumas eran de bronce (siempre pienso en las películas de ciencia ficción de ahora) y sus cagadas asolaban los sembrados causando la ruina de los campesinos de la región de Estínfalo; para completar el tenebroso cuadro de los animalitos se alimentaban de carne humana y cuanto animal se pusiera a su alcance; a estos angelitos era que Hércules debía dar matarile.
Euristeo le ordenó a Mr. Músculos exterminarlos porque también se atragantaban con el ganado. Organizó sus municiones que eran las flechas envenenadas con la sangre de la hidra, ¿recuerdan? Y se percató de que eran demasiadas y no le alcanzaban, además su fuerza bruta no le valía con seres voladores y ninguna diosa le dio poder de elevarse a las alturas… y por esas regiones no existía la marihuana para ponerse a volar.
La solución me parece muy pendeja, sin gracias, como si a los griegos les hubiera fallado la imaginación; resulta que la diosa Atenea se apareció a Hércules y le dio una hijuemadre campana, así como lo oyen, lo puso de campanero, y cuando la puso a repicar los malditos pájaros salieron en desgracia para la quinte porra; a los más rezagados los bajó a flechazos, así sería de lindo el sonido de la campanita, ¿no? La quinta porra en esa época quedaba en el Mar Egeo y allí fueron encontradas años más tarde por Jasón y los argonautas (esa es otra historia bien bacana).
El cuento aun no termina, al regreso de nuestro héroe encontró a Euristeo escondido debajo de la cama muerto del susto porque en el cielo sobrevolaban su palacio cierta cantidad de estos pajarracos y Herculitos sacó de nuevo la susodicha campana y los sacó en huida.

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